jueves, 24 de julio de 2014
miércoles, 16 de julio de 2014
16/07 - 16.00 hs. / Marcha a la Embajada de Israel - Convoca Comité de Solidaridad con Palestina
¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO !
COMUNICADO :
EL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA
CONDENA A LOS ACTOS DE VIOLENCIA
EN CONTRA DEL PUEBLO PALESTINO
sábado, 12 de julio de 2014
viernes, 11 de julio de 2014
miércoles, 9 de julio de 2014
9 de Julio de 1816 - Día de la Independencia
La historia a conocer y reconocer ....
martes, 8 de julio de 2014
Esencia del imperio neoliberal
COMPARTIMOS ESTAS NOTAS DE ALBERTO RABILOTTA, DEL SITIO :
AMERICA LATINA EN MOVIMIENTO
ALAI, América Latina en Movimiento 2014-07-03
Esencia del imperio neoliberal
Destrucción social y caos mundial (I)
Alberto Rabilotta
Es
difícil no sentir que el mundo, la humanidad y nuestra madre tierra,
están siendo empujadas a la catástrofe por el imperio neoliberal, o sea
Estados Unidos (EE.UU.) y sus aliados de la OTAN. Esto es tan válido si
hablamos de la naturaleza, de la acelerada extinción de especies y el
recalentamiento global, como de las sociedades, o mejor dicho de lo que
de ellas resta en tantos Estados-naciones que se han dejado o están
siendo empujados a despojarse de toda soberanía nacional y popular.
Este
caos actual es el producto de las políticas de un imperialismo que
desde el derrumbe de la Unión Soviética trata de mantener un orden
unipolar para instaurar mundialmente y sin alternativa de cambio el
neoliberalismo, hacer realidad el “no hay otra alternativa” de Margaret
Thatcher.
Pero,
como quedó demostrado cuando EE.UU. fue forzado a cambiar su política
de agresión en Siria, a partir de septiembre del 2013, la unipolaridad
ya no es posible no solo por el activo papel que juegan dos grandes
potencias, como lo son Rusia y China, sino por la mayoría de países en
el mundo que apoyan el retorno a un multilateralismo y se oponen a
perder la soberanía nacional y popular que les permita adoptar sus
propias políticas socioeconómicas e integrarse internacional o
regionalmente de manera compatible con sus legítimos intereses
nacionales.
La
unipolaridad ya estaba comprometida por la constatación en el Oriente
Medio, África y Asia de que EE.UU. y sus aliados provocan guerras que no
ganan –Afganistán, Irak, Libia y Siria-, pero que siempre dejan el
caos, muertes, refugiados, miseria y destrucción económica y social.
En
el 2011 los dos principales aliados del imperio en el Oriente Medio,
Israel y Arabia Saudita, criticaron abiertamente a Washington por no
haber lanzado una guerra contra Irán y haber permitido el derrocamiento
del presidente Mubarak en Egipto, haciéndole llegar al presidente Barack
Obama el mensaje de que ``no se abandona a los aliados``. Todo el
mundo, y en primer lugar los aliados de Washington, saben que las
guerras que lanzan EE.UU. y sus aliados no se ganan, que destruyen
países, economías y sociedades, y dejan el caos. Desde Afganistán hasta
Siria, pasando por Irak y Libia –sin olvidar Paquistán, Sudan y otros
países africanos-, solo han dejado destrucción, cruentas luchas entre
comunidades religiosas y grupos étnicos, y cientos de miles de muertos,
heridos y refugiados, y una gran miseria. EE.UU. no tiene nada de
positivo que mostrar.
Hace
casi dos décadas el economista ítalo-estadounidense David Calleo
escribió sobre las fases de decadencia final de los imperios de Holanda e
Inglaterra, calificándolas como “hegemonía explotadora”, en las cuales
el imperio no tiene nada que ofrecer de positivo (desarrollo
socioeconómico o seguridad militar, por ejemplo) a los países que domina
y componen el sistema, incluyendo a la economía y sociedad del imperio,
y entonces se dedica a exprimirlos a fondo, a vivir de las rentas que
por todos los medios puede extraer de esos países. El imperio
estadounidense se encuentra en esa fase.
Para
muestra basta un botón: en una conversación privada el ministro de
Relaciones Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, puso en claro que
la alianza de su país con EE.UU. y la OTAN no los beneficia y que, al
contrario, provoca peligrosos focos de tensiones con los países vecinos
(1). Lo mismo debe estar pensando cualquier persona honesta que aún esté
en el gobierno creado por el golpe de Estado en Ucrania, último país al
que EE.UU. y sus aliados de la OTAN han llevado al borde de la guerra
civil para provocar foco de constante confrontación con Rusia.
Al
mismo tiempo, signo de que el imperio ya no puede controlar a todo el
mundo durante todo el tiempo, en Latinoamérica y el Caribe se prosigue
la creación de los mecanismos de integración regional y subregional en
los cuales EE.UU. no figura ni puede controlar. Por su parte el BRICS
(Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) sigue avanzando con sus
proyectos de creación de un banco de desarrollo e instrumentos
monetarios y financieros fuera del alcance de EE.UU. y del dólar,
mientras que asistimos al reforzamiento de lazos económicos, comerciales
y monetarios entre Rusia y China, entre otros procesos regionales en
curso en Asia y Eurasia.
Nada
de esto constituye en sí una alternativa anticapitalista, más bien la
casi totalidad de países funcionan dentro de un sistema capitalista,
aunque tengan importantes sectores estatales en la economía y puedan
estar priorizando formas de propiedad social como sustituto a la
propiedad privada en ramas de la economía. Pero, detalle clave, en
prácticamente todos los países la intervención estatal en la economía es
un hecho.
Asimismo,
en todos esos procesos el regionalismo incluye la participación e
intervención de los Estados, de sus instituciones y empresas, así como
niveles de planificación sectorial en las áreas industriales,
energéticas, comerciales y de servicios, y sistemas financieros y
monetarios que se promete o avizora estarán fuera del control del
imperio y sus aliados. Una forma de regionalismo de este tipo como
alternativa al “capitalismo universal”, lo que hoy llamamos
neoliberalismo, fue propuesto por el intelectual húngaro Karl Polanyi en
1945 (2), tema sobre el cual retornaremos en la segunda parte de este
artículo.
Pero
aun no siendo una alternativa socialista o anticapitalista, es claro
que estos procesos regionales y multilaterales constituyen una
formidable barrera a los planes del imperio, una barrera que el
imperialismo está tratando de derribar con todos los instrumentos a su
alcance, como la ofensiva para concluir rápidamente y en el más completo
secreto los Acuerdos de “última generación” -el Acuerdo Transpacífico
de Asociación económica , la Asociación Transatlántica sobre Comercio e
Inversiones y el Acuerdo sobre el comercio en servicios-, o tratando de
entorpecer los acuerdos regionales a través de los políticos,
burócratas, profesionales y empresarios que están al servicio del
imperio.
Los
mencionados Acuerdos tienen por objetivo la eliminación de la soberanía
nacional y la sujeción de los Estados signatarios a respetar los
términos de esos tratados negociados en secreto, que respetan una sola
ley, la de EE.UU., e incluyen mecanismos por los cuales los Estados que
no respeten los términos pueden ser llevados ante tribunales de
arbitraje por los monopolios. Esos Estados pasan a ser garantes de las
inversiones de los monopolios extranjeros para apropiarse de los
sectores económicos que les interesan, incluyendo los que dejarán los
Estados al privatizar los servicios públicos.
Pero
esos Acuerdos no son cosa hecha porque el rechazo crece en las
poblaciones que no quieren abandonar sus legítimos sentimientos e
intereses nacionales, y en los intereses capitalistas locales que saben
que serán aplastados por los monopolios extranjeros. Y mientras que el
regionalismo avanza, en la Casa Blanca y el Congreso de Washington no
les queda otra que aferrarse a seguir creyendo que el imperio es
invulnerable y puede seguir actuando, él y sus aliados estratégicos, con
la impunidad que les dio el (relativamente breve) orden unipolar.
Es
en este contexto que tiene su dimensión el discurso del presidente ruso
Vladimir Putin ante los embajadores de Rusia, el 1 de julio, donde les
recordó que EE.UU. está aplicando a su país la misma política de
“contención” que durante la Guerra Fría aplicó contra la Unión
Soviética, y que esperaba que el pragmatismo prevalecerá, que los países
occidentales se despojarán de ambiciones, de tratar de “establecer
‘cuarteles mundiales’ para organizar todo acorde a rangos, e imponer
reglas uniformes de comportamiento y de vida de la sociedad”
Putin
señaló que los diplomáticos rusos saben cuán dinámicos e impredecibles
los acontecimientos internacionales pueden a veces ser. Parecen haber
sido presados juntos de una sola vez y por desgracia no son todos de
carácter positivo. El potencial de conflicto está creciendo en el mundo,
las viejas contradicciones se agudizan y otras nuevas están siendo
provocadas. Muy seguido nos encontramos con este tipo de situaciones, a
menudo de forma inesperada, y observamos con pesar que el derecho
internacional no está funcionando, que las leyes internacionales no
funcionan, que las elementales normas de decencia son descartadas y que
triunfa el principio de todo-está-permitido… Es tiempo de que
reconozcamos el derecho de los demás a ser diferentes, el derecho de
cada país a construir su vida por sí mismo, no por las avasallantes
instrucciones de algunos () el desarrollo global no puede ser unificado,
pero podemos y debemos buscar un terreno común, ver socios en cada uno
de los demás, no rivales, y establecer cooperación entre los Estados,
sus asociaciones y las estructuras integradas. Y refiriéndose a los
conflictos que asolan varias regiones del mundo. Putin subrayó que “el
mapa mundial tiene de más en más regiones donde las situaciones están
crónicamente enfebrecidas, sufriendo de un “déficit de seguridad” (3).
Horas
antes, en el Encuentro Internacional Antiimperialista convocado por la
Federación Sindical Mundial (FSM) y realizado en Cochabamba, Bolivia, el
presidente boliviano Evo Morales señaló que “es importante identificar”
los instrumentos actuales de dominación del capitalismo, del
imperialismo, porque “por lo menos en América Latina ya no se ven golpes
de Estado, ya no hay tanto las dictaduras militares como antes”, sino
más bien “pueblos que defienden las democracias, pueblos que con mucha
claridad plantean programas y proyectos, proyectos políticos de
liberación”.
Y
en este contexto, según el Presidente boliviano, hay que preguntarse
qué hace el imperio: “provoca conflictos en cada país, financia
enfrentamientos de un pueblo, de un país y después con el pretexto de
defensa de los derechos humanos, del niño, de la mujer, del anciano
intervienen con el Consejo de Seguridad; qué Consejo de Seguridad, para
mí sigue siendo ese llamado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
un consejo de inseguridad, un consejo de invasión a los pueblos del
mundo”.
Para
enfrentar esta agresión imperialista Morales pidió a los delegados de
la FSM que elaboren “una nueva tesis política para liberar a los pueblos
del mundo", que sobrepase “las reivindicaciones sectoriales para
ahondar la crisis en el capitalismo y acabarlo, al igual que las
oligarquías y jerarquías” (4).
Resumiendo,
para un observador que no haya perdido la memoria histórica, lo que
Putin dijo no es más que una explicación a los diplomáticos rusos de la
conclusión a la que el pueblo ruso, y al menos una parte de sus
dirigentes, han llegado después de haber sufrido la experiencia de la
Perestroika y la aplicación brutal de las políticas neoliberales, y de
vivir la experiencia actual de cómo se comporta el imperialismo
estadounidense cuando un pueblo quiere buscar su propia vía, aun dentro
del capitalismo, sin menospreciar que todo eso debe haber ayudado a
revivir lo que el imperialismo buscó enterrar: las enseñanzas de Lenin
sobre el imperialismo.
No
es tan fácil borrar la memoria histórica de los pueblos, y mientras eso
pensaba leí el artículo “Una mirada al pasado” de Ricardo Alarcón de
Quesada, ex presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, que concluye con
la siguiente frase: Al volver la mirada hacia aquellos años
soñadores viene a la mente la advertencia de William Faulkner: “El
pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado” (publicado en la revista chilena Punto Final, edición nro. 807 del 27 de junio de 2014)
Pocos
días antes de la reunión de la FSM el presidente Evo Morales fue
anfitrión de la reunión de los 77+China, y sin duda allí registró muchos
sentimientos sobre el brutal accionar del imperialismo y la voluntad de
muchos gobiernos de poder defender sus legítimos intereses nacionales,
algo que bajo el imperio neoliberal está prohibido. Nuevamente, cuando
los pueblos viven bajo la férula imperial y recuperan la memoria
histórica, es lógico que retorne la necesidad de una estrategia
antiimperialista.
En
un reciente análisis titulado “America’s Real Foreign Policy – A
Corporate Protection Racket”, el intelectual estadounidense Noam Chomsky
describe el verdadero objetivo histórico de la política exterior de
EE.UU.: proteger los intereses del sector de las grandes empresas con un
“nacionalismo económico (un proteccionismo que) depende en gran medida
de la intervención estatal masiva”, y por eso en regla general se ha
opuesto por todos los medios a que los demás países tengan políticas de
“nacionalismo económico”.
Esto,
fundamenta Chomsky con referencias documentales, es válido para toda el
análisis de la política estadounidense hacia América latina y el
Caribe, y es el trasfondo del conjunto de la política exterior
estadounidense en todo el período posterior a la Segunda Guerra Mundial,
cuando el sistema mundial que iba a ser dominado por EE.UU. fue
amenazado por lo que los documentos internos llamaban "regímenes
radicales y nacionalistas" que responden a las presiones populares para
un desarrollo independiente (5).
Lo que documenta Chomsky se encuadra con lo que en 1945 anticipaba Karl Polanyi, de que EE.UU. ha
sido el hogar del capitalismo liberal del siglo 19 y es lo
suficientemente poderoso para proseguir solo la utópica política de
restaurar el liberalismo (ver llamada 2).
Y,
en ese sentido y con todas las limitaciones que conlleva, el
regionalismo es por ahora el principal frente antiimperialista, y el
otro tendrá que ser construido por los pueblos, por sus organizaciones
políticas, sindicales y sociales.
(Fin de la primera parte)
- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.
1.-Grabacion de la conversación de Radoslaw Sikorski: La Vanguardia
2.
- Karl Polanyi, Universal Capitalism or Regional Planning? publicado en
enero de 1945 en The London Quarterly of World Affairs. En francés está incluido en el libro Essais de Karl Polanyi, Editions du Seuil, páginas 485 a 493.
3.-
Esta cita del discurso del presidente Vladimir Putin ante los
embajadores de Rusia, el 1 de julio 2014 fue traducida por el autor del
artículo. La versión oficial en inglés está disponible en el URL http://eng.kremlin.ru/transcripts/22586
4.- Cita del discurso de Evo Morales tomada de la Agencia Boliviana de Información, URL http://www3.abi.bo/#
5. - Noam Chomsky, How Washington Protects Itself and the Corporate Sector
http://alainet.org/active/75106
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ALAI, América Latina en Movimiento 2014-07-07
Alberto RabilottaEl antiimperialismo y el “ser o no ser” de la izquierda (II)
Segunda y última parte
En el artículo anterior (Destrucción social y caos mundial, esencia del imperialismo neoliberal),
planteábamos que los procesos de integración regional en Latinoamérica y
Eurasia con la participación activa de los Estados y sus instituciones,
aun con las limitaciones que conllevan al inscribirse en una estrategia
que no se plantea la salida del capitalismo, es por ahora el principal frente antiimperialista.
Y concluíamos señalando que el otro frente antiimperialista, el que el
presidente boliviano Evo Morales pidió a la Federación Sindical Mundial,
tendrá que ser construido por los pueblos, por sus organizaciones políticas, sindicales y sociales (1).
Evo
Morales dio en el clavo al pedir la identificación de”los instrumentos
actuales de dominación del capitalismo, del imperialismo” para poder
elaborar “una nueva tesis política para liberar a los pueblos del mundo"
que sobrepase “las reivindicaciones sectoriales para ahondar la crisis
en el capitalismo y acabarlo, al igual que las oligarquías y
jerarquías”.
Esta
identificación es crucial porque el imperialismo neoliberal es más que
la suma de sus partes conocidas y visibles, como la OTAN y las miles de
bases militares de Estados Unidos (EE.UU.) presentes en todo el mundo, o
los acuerdos de libre comercio y protección de las inversiones. Este es
un sistema de dominación mucho más elaborado, destructivo y totalitario
de lo que aparenta, y que gracias a la conspicua sociedad de consumo,
al control de los medios de comunicación y a la promoción de un
individualismo antisocial, posee la capacidad de “colarse” por todos
lados, de contaminar las culturas para destruir toda capacidad de
oposición. Y la lista de sus nefastas consecuencias es demasiado larga
como para continuarla en este artículo.
Por
eso la “inteligencia social” de los pueblos, y de la izquierda, debe
ser dirigida a pensar, analizar y formular, en sus ámbitos respectivos,
las buenas preguntas que nos guíen en la búsqueda de la verdadera imagen
del imperialismo neoliberal y que identifique a sus aliados, así como
las clases y grupos sociales que son las víctimas principales y deben
ser protagonistas en esta lucha. Que designe los aspectos estratégicos
que deben constituir los objetivos principales, y a partir de ahí
construir una estrategia antiimperialista para librar las luchas en los
diferentes frentes, las que ya están librando los pueblos de la actual o
pasada periferia y las extremadamente importantes que tienen que
librar los pueblos de los países centrales del imperio, y asegurar que
ambas confluyan en el objetivo común de superar el capitalismo.
Al
emprender esta tarea debemos entender que un “regionalismo” que incluya
la intervención de los Estados para desarrollar las fuerzas productivas
del conjunto de las economías nacionales, sean se propiedad estatal,
privada o social, permitirá seguir resolviendo los problemas de atraso,
pobreza y exclusión social y económica que dejó el subdesarrollo creado
por la dependencia y que agravó la experimentación de las políticas
neoliberales en las últimas tres décadas del siglo 10, como es el caso
en la mayoría de países de Latinoamérica y el Caribe.
En
el caso de Rusia -y otros países de la ex Unión Soviética-, este tipo
de regionalismo, y más aun si se complementa con uno que incluya a China
y otros países de Asia-, permitirá desarrollar las fuerzas productivas
del conjunto de las economías y la reconstrucción de los Estados e
instituciones destruidos o desmantelados por la aplicación de las
recetas neoliberales a partir de los años 90, las cuales provocaron el
empobrecimiento masivo de pueblos que habían alcanzado buenos niveles de
vida, de seguridad y de justicia social.
China
es un caso y ejemplo particular para el desarrollo del regionalismo
planificado porque es un país que se proclama socialista y donde se
combinan la propiedad estatal socialista –dominante en sectores básicos-
con la propiedad privada de tipo capitalista –preponderante en muchas
ramas de la economía-, y nichos de propiedad comunal. Como tal China ha
logrado que la entrada del neoliberalismo (a través de las empresas
transnacionales o los acuerdos comerciales) no debilitara de manera
notable las capacidades del Estado o de sus principales instituciones y
empresas, continuando así una política de defensa del Estado central que
en ese milenario país tiene una muy larga historia.
La
política china de hacer respetar los controles estatales por las
filiales de las empresas transnacionales en el país logró, como
señalaban los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly Silver, que en
EE.UU. dudaran de la “fidelidad” de estas filiales hacia los intereses
estadounidenses (Caos y orden en el sistema-mundo moderno,
Ediciones Akal, 2001). En ese sentido se pueden interpretar los
objetivos de la inserción de países socialistas con una larga y fiel
tradición antiimperialista, como Vietnam o Cuba, en procesos de
integración regional que implican una apertura al mercado y el capital
extranjero.
Varios
analistas avizoran que las recientes negociaciones entre Rusia y China
para aumentar la cooperación, el comercio y las inversiones, así como
efectuar los intercambios en sus monedas nacionales para escapar al
dominio del dólar –objetivo que figura en la agenda del BRICS-, creará
una masa crítica para la expansión del regionalismo con una robusta
intervención estatal hacia países como Irán, India y Paquistán, creando o
fortaleciendo los vínculos con la integración regional en Latinoamérica
y el Caribe, y tal vez propiciando algo similar en África, como era el
objetivo del líder libio Muammar el Gadafi, y probablemente la razón
para su derrocamiento y asesinato en el 2011 por las fuerzas combinadas
de Francia, Gran Bretaña y EE.UU..
Empero,
todo esto depende de que estas experiencias de regionalismo se
concreten y muestren resultados en la vida concreta de los pueblos, y
que resistan a los torpedos cotidianos de los agentes del imperialismo
neoliberal en esos países y a las agresiones económicas, financieras,
subversivas o militares del imperialismo y sus aliados desde el
exterior.
Un
aspecto esencial de todas estas experiencias de integración regional,
que vale destacar, es el manifiesto interés –visible en los discursos de
muchos gobernantes, entre ellos de Vladimir Putin-, de “reincrustrar” o
de mantener “incrustadas” las economías en las sociedades, o sea que
las economías vuelvan a estar o se mantengan subordinadas a las
sociedades, y en ese sentido este es un ataque a un aspecto central del
imperialismo neoliberal, que la primera ministra británica Margaret
Thatcher definió con claridad en 1987, cuando dijo que “there is not
such thing as society”, o sea que, como tal la sociedad no existe, requisito para hacer efectivo el lema neoliberal de que “no hay otra alternativa” a este sistema, también enunciado por la señora Thatcher.
Pero
hay que aclarar que la garantía de que estas integraciones regionales
serán algo más que una episódica “resistencia antiimperialista”
dependerá de la participación y presión social y política para que el
desarrollo se dirija hacia los objetivos sociales más amplios posibles,
para que se creen las democracias participativas que permitan defender y
profundizar las políticas antiimperialistas, tarea esta que por
intereses de clase deben llevar a cabo las organizaciones sociales,
laborales y políticas del pueblo trabajador, los estudiantes y todos los
sectores sociales que han sido, están siendo o podrán ser las víctimas
principales de la aplanadora neoliberal.
El antiimperialismo en los países centrales del capitalismo.
Con
el imperialismo neoliberal ha quedado en claro y fuera de discusión que
el conjunto de las clases que viven de un ingreso laboral en EE.UU.,
los países de la Unión Europea (UE) y otros países del campo
imperialista, están perdiendo rápidamente lo conquistado durante la
breve era (1945-1975) del Estado-benefactor.
El
desempleo y la exclusión social aumentan, ya prácticamente nadie tiene
seguridad laboral y el empleo a tiempo parcial y mal pagado es la norma.
Y estamos asistiendo a un fenómeno nunca visto, el de una generación de
jóvenes con elevados niveles de conocimientos que en gran parte quedará
fuera del mercado laboral, y de retirados cuyas pensiones bajan o están
amenazadas de desaparición.
Esto
es resultado de políticas aplicadas en los países del capitalismo
avanzado para seguir acumulando la riqueza social en muy pocas manos, lo
que provoca las obscenas disparidades de ingresos que todos conocemos,
mientras que en la práctica nunca ha sido tan grande la capacidad de
producir los bienes y servicios socialmente necesarios, gracias al
enorme desarrollo de las fuerzas productivas.
Las
transnacionales de los países centrales del imperio proporcionan cada
vez menos empleos y pagan menos salarios en las sociedades en las cuales
se formaron y transfieren sus operaciones a las filiales que han creado
en cercanos o lejanos países donde emplean a trabajadores mal pagados.
De esas operaciones proviene alrededor de la mitad de las ganancias de
estas empresas, que llegan como renta diferencial –la plusvalía
producida en otro país llega como renta diferencial- a los dueños de los
monopolios y las transnacionales. Esto explica el aumento de las
ganancias de las trasnacionales, y la pérdida trabajos asalariados es la
clave de la baja de la demanda final y del bajo crecimiento de la
economía real en los países centrales.
No
es necesario explicar los dramas sociales que viven las mayorías en los
países del capitalismo avanzado. Las derechas y las izquierdas lo
conocen y en su superficie lo detallan frecuentemente, pero lo que
asombra es la falta de análisis más profundo sobre el cambio estructural en el modo de producir del capitalismo y sus efectos en la sociedad, en el sistema político,
que hace décadas André Gorz y otros más describieron, y que poco o nada
influyeron en el pensamiento y los programas de las principales fuerzas
de la izquierda.
Sin embargo, es en estos países
donde el capitalismo industrial se topó ya con las barreras sistémicas
que lo están haciendo “saltar por los aires”, donde ya no puede
reproducirse en tanto que tal y como sociedad, como Karl Marx planteaba,
y donde ya existen las condiciones económicas y sociales para
cambios radicales, por no nombrar lo que muy raramente se nombra, para
llevar a cabo la revolución social que complete la salida del
capitalismo en todas sus formas.
Y
si de revolución social se trata, porque el capitalismo dominante ya no
tiene absolutamente nada que ofrecer de positivo a las sociedades y
pueblos de los países del capitalismo central, es grave constatar la
ausencia de una clara política antiimperialista que lleve nombre y
apellido en los discursos y programas de los partidos de la izquierda
radical, porque el imperio neoliberal de EE.UU. tiene muchos socios
dispuestos a participar en el saqueo, como se ha visto con la activa
participación de países de la UE en las agresiones militares en Libia y
Siria, del apoyo de la UE en las sanciones y hostigamiento de Irán, y
ahora el apoyo al golpe de Estado con ayuda de los neonazis en Ucrania.
¿Y
qué decir del apoyo o del cómplice silencio de partidos de la izquierda
radical ante estas políticas de países de la UE o directamente de la
UE?
La
UE es un proyecto neoliberal que aplica el neoliberalismo a ultranza en
los países que la componen, y es parte del imperio neoliberal. Su
política exterior, como la de Japón y otros aliados del imperio, está
dirigida a tratar de apropiarse de la mayor parte posible del “pastel”
de la explotación mundial, y prosiguiendo ese objetivo algunos países de
la UE o la UE en sí misma están creando o agravando los conflictos que
están destruyendo las economías y las sociedades muchos países del
Oriente Medio y África.
Esto,
en lugar de ser denunciado y combatido como parte de una política para
luchar contra las políticas imperialistas “dentro de casa”, primer
escalón para combatirlo a escala internacional, brilla por su ausencia o
no tiene el lugar que debería tener en los programas y la práctica
política de muchas fuerzas y partidos que se definen como parte de la
izquierda radical.
De
ahí la importancia de definir una estrategia antiimperialista que
incorpore esta realidad, que borre las vergonzosas claudicaciones
ideológicas del pasado y asuma plenamente las teorías revolucionarias,
para que esta estrategia antiimperialista se convierta en la guía y la
herramienta que oriente las luchas políticas y sociales en lo interno y
lo externo, y haga renacer una efectiva solidaridad internacional.
En
síntesis, construir una política antiimperialista lúcida y radical, que
nombre a las cosas por su nombre, es la cuestión del “ser o no ser”
para las izquierdas y demás fuerzas que luchan o dicen luchar, en esta
etapa crucial de la humanidad y de nuestra madre tierra, para poner fin
al imperio neoliberal antes de que destruya definitivamente las
sociedades y el planeta.
- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.
1.- Cita del discurso de Evo Morales tomada de la Agencia Boliviana de Información, URL http://www3.abi.bo/#
http://alainet.org/active/75155
Tesis política antiimperialista, anticolonial y anticapitalista rumbo al socialismo - Cochabamba, Estado Plurinacional de Bolivia, 2 de julio de 2014
Cochabamba,
Estado Plurinacional de Bolivia, 2 de julio de 2014
Encuentro
Sindical Internacional Antiimperialista.
Documento
aprobado en el plenario de clausura del Encuentro Sindical
Internacional Antiimperialista organizado por la Central Obrera
Boliviana (COB), la Federación Sindical Mundial (FSM), con la
adhesión del Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia.
Creo
que esta idea de la ofensiva en defensa de la Humanidad, está cada
día más engranada con la realidad que estamos viviendo en el mundo
/
Hugo Chávez
Quiero
animarme a plantearles algo que corresponde a los movimientos
sociales del mundo: ¿cómo podemos todos unidos enfrentar al
capitalismo? Estoy convencido de que debemos elaborar una nueva tesis
para salvar el planeta, una doctrina por la vida /
Evo Morales
Evo Morales
Introducción.
Crisis del capitalismo y consecuencias para la clase trabajadora.
Los
pueblos del mundo y especialmente los sectores populares estamos
sufriendo las consecuencias de una crisis del capitalismo. Una crisis
como nunca antes hemos vivido. Una crisis que es global y
estructural.
Es una crisis global porque, a diferencia de las
anteriores crisis del capitalismo en el siglo XIX y en el siglo XX,
en este sistema-mundo capitalista las resistencias son locales, pero
sin haber construido todavía un frente alternativo al capitalismo.
Los pueblos están dejando de creer que el capitalismo sea
democrático, y también se va dejando de creer en una democracia
capitalista. Sin embargo todavía no se ha construido una alternativa
al mismo de carácter global, como la crisis que vivimos.
Y es
una crisis estructural porque es la combinación de varias crisis,
económica, financiera, energética, climática, alimentaria,
hídrica, institucional, política y de valores. No solo padecemos la
crisis de un sistema económico y de producción que no da más de
sí, que para elevar la tasa de ganancia, o mantener la plusvalía
producida a costa de la explotación de los pueblos, trabajadores y
la naturaleza del Sur, tiene que convertir a la Madre Tierra y a las
personas en objeto de su despiadado dominio depredador.
Queremos
resaltar la crisis climática como la cristalización de todas las
crisis; la supuesta alternativa de la economía verde como respuesta
al desastre ambiental que sufrimos no suponen más que la
privatización de la naturaleza y el resto de bienes comunes, así
como la demostración de que no existe capitalismo con rostro humano,
estamos en una etapa del capitalismo donde se mercantiliza todo, la
vida y los bienes comunes.
Todo ello mientras se ponen en
marcha guerras imperialistas para depredar los recursos naturales de
los pueblos en un círculo vicioso en el que esos recursos naturales
sirven para alimentar la industria de la guerra, demostrando la
voracidad del imperialismo. Recursos naturales, energía y agua son
objetivos del imperialismo que los pueblos y los trabajadores tenemos
la obligación de defender, pues son el futuro que debemos dejar en
herencia, la Madre Tierra que debemos cuidar pues es nuestro
hogar.
El capitalismo ha adoptado por tanto una medida
geopolítica planetaria y la crisis expone la contradicción básica
del capitalismo: la contradicción entre el carácter social de la
producción y la forma capitalista de propiedad sobre los medios de
producción y la apropiación de sus resultados. En las crisis, el
mecanismo entero del modo capitalista de producción, queda
subordinado a la presión de las fuerzas productivas creadas por el
capitalismo.
La consecuencia de todo ello es que existen 1000
millones de personas que pasan hambre en el mundo según la FAO y
desde que comenzó la crisis el número de pobres ha aumentado en 100
millones de personas.
Pero si bien la pobreza y el hambre son
los efectos más visibles de la crisis del capitalismo, todo ello va
unido a la pérdida de derechos sociales de la población,
especialmente de los derechos laborales. El capital va a intentar
salir de la crisis a costa de los trabajadores.
La fase
superior del capitalismo es el imperialismo y el neoliberalismo en
cuanto a destrucción creativa y política anti-obrera. En ciertos de
los países de América Latina se pudo frenar el consenso de
Washington y las recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial, que buscaban las privatizaciones y restricciones de las
políticas sociales, pero hay otras partes del mundo cuyos pueblos
siguen sufriendo la receta neoliberal como supuesta salida a la
crisis.
Sin embargo, siguen aumentando las tasas de desempleo, y recortando los derechos sociales, la salud, la educación, a la vez que desahucian familias enteras mientras rescatan a los bancos.
Sin embargo, siguen aumentando las tasas de desempleo, y recortando los derechos sociales, la salud, la educación, a la vez que desahucian familias enteras mientras rescatan a los bancos.
Sin
embargo las recetas neoliberales ya ni siquiera pueden resolver los
problemas de los países del centro del sistema-mundo capitalista.
Dichos países cuentan a veces con gobiernos paralelos bajo la forma
de las compañías transnacionales que son nuevas formas de las que
se dota el imperialismo para operar en los países supuestamente en
desarrollo. La riqueza de unos pocos supone la miseria de una buena
parte del planeta.
Ya lo definió perfectamente Warren Buffet,
uno de los hombres más ricos del mundo: “Por supuesto que hay
lucha de clases y los ricos estamos ganando”.
Por lo tanto,
si la lucha de clases sigue más vigente que nunca, la construcción
de un proyecto alternativo que haga frente a la crisis del
capitalismo solo puede venir de los sectores populares y trabajadores
organizados. La lucha sindical por tanto cobra especial vigencia en
la coyuntura actual.
Y la lucha sindical contra el capitalismo
solo puede tener como horizonte el socialismo. En un mundo
globalizado donde la socialdemocracia se vendió al neoliberalismo y
el socialismo construido en el siglo XX ha tenido debilidades, la
construcción en el siglo XXI de un socialismo indemne de los
retrasos y debilidades que tenía durante el primer esfuerzo de su
implementación es tarea urgente y necesaria.
Y como ya lo
definió la Central Obrera Boliviana en su Tesis Socialista de 1970,
están equivocados aquellos que sostienen que las organizaciones
sindicales deben limitarse a jugar el papel de sindicatos
tradeunionistas, es decir, circunscritos a la lucha puramente
económica. Sin abandonar la lucha en defensa de las condiciones
materiales, los trabajadores debemos intervenir en la vida política
del país en nuestra condición de vanguardia revolucionaria.
Vanguardia que en el caso de Bolivia y otros países se complementa
con el proyecto político de las naciones y pueblos indígenas
originarios y campesinos, que fusionan la lucha sindical con lo
comunitario bajo un horizonte de “socialismo comunitario”.
Aporte
de Bolivia
Precisamente
los trabajadores del mundo celebramos el Encuentro Sindical
Internacional Antiimperialista en reconocimiento y aprendizaje de una
Bolivia abigarrada donde lo obrero, lo campesino y lo indígena se
fusionan en lo comunitario bajo un horizonte de construcción
socialista.
Reconocemos en Bolivia un gobierno de movimientos
sociales, donde la dirección del proceso se encuentra en manos de
los sectores populares, donde el Estado se ha fusionado con la
sociedad civil. Un proceso que se funda en las luchas históricas
contra la colonial, el capitalismo y el neoliberalismo. Un proyecto
político, fusión de las luchas indígenas, obreras y campesinas,
que continua en construcción pero en el que nos sentimos
representados los sectores populares de nuestros países.
Reconocemos
en Bolivia un Estado que ha tomado el control de los sectores
estratégicos de la economía, los hidrocarburos y energía en
general, las telecomunicaciones, salud y educación, pertenecen ahora
al Estado y no a los individuos, un Estado que a la vez es síntesis
de un cambio de época en América Latina, un Estado que pertenece al
pueblo, porque es del pueblo y funciona en base a las necesidades
populares.
En Bolivia no solo no se reprime ni persigue a los
sectores populares y sindicatos, si no que se les impulsa y apoya
política y materialmente construyendo una democracia participativa
que incorpora a los trabajadores en la toma de decisiones.
Ese
otro modelo de relacionamiento con los sectores movilizados de la
sociedad es el que nos muestra una democracia viva, participativa,
intercultural y comunitaria. Los sindicatos del mundo reunidos en
Bolivia estudiamos el nuevo paradigma boliviano que nos propone el
Vivir Bien ante la crisis civilizatoria que vivimos. Queremos apostar
a un modelo de desarrollo y a un modelo político que piense la
economía desde lo comunitario, apostando por la emancipación de los
pueblos y las comunidades para vivir en armonía con la Madre
Tierra.
Apuesta
por la integración socialista
Porque
la crisis del sistema-mundo capitalista y la disputa geopolítica por
el control de los recursos naturales nos lleva a los pueblos y
trabajadores del mundo a un escenario donde hay que optar por uno de
los dos proyectos en disputa, el de la emancipación socialista, o el
de la restauración neoliberal.
Bolivia, y los procesos de
cambio en América Latina, han apostado, con diversos ritmos,
intensidades y matices, por la emancipación; de sus pueblos, de sus
habitantes y de su naturaleza, recuperando la soberanía sobre sus
recursos naturales para hacer frente al proyecto imperialista y
neocolonial.
Por eso hoy, aquí y ahora, los pueblos y
trabajadores del mundo queremos desarrollar la reflexión del
compañero Presidente Evo Morales y venimos a proponer una tesis para
salvar el planeta, una doctrina en defensa de la vida frente a la
muerte encarnada en el capitalismo. Esta tesis solo puede tener un
horizonte, el del socialismo, con el aporte que recogemos en Bolivia
de lo comunitario, y solo puede estar asentada sobre tres solidos
pilares, el antiimperialismo, el anticolonialismo y el
anticapitalismo.
Tesis
política antiimperialista, anticolonial y anticapitalista rumbo al
socialismo
Nuestras
realidades nacionales tienen diferentes ritmos e intensidades, pero
queremos mirarnos en el reflejo de Bolivia, donde se pasó de la
resistencia a la construcción de un instrumento político para la
toma del poder, y de la toma del poder a la construcción de un
proyecto político del pueblo y para el pueblo.
Ahora queremos
crear un instrumento político mundial para la construcción de un
proyecto político global que dé respuesta a la crisis estructural
del capitalismo.
Antiimperialismo
El
secuestro aéreo del Presidente Evo Morales hace un año poniendo de
rodillas a varios países europeos constató que el imperialismo no
se va a quedar quieto ante los proyectos de transformación social
que ponen en marcha procesos de cambio en defensa de las mayorías
sociales.
Un proyecto con base antiimperialista debe por
tanto, repudiar el brazo armado de los Estados Unidos llamado OTAN,
la maquinaria político-militar del imperialismo.
Nuestro
proyecto antiimperialista condena las bases militares que el
imperialismo disemina por todo el mundo como método de injerencia.
En América Latina son 77 bases m militares conocidas que violan la
soberanía política y territorial de los países de Nuestra
América.
Especial atención merece la situación de Colombia
y las bases estadounidenses allá instaladas, punta de lanza para
rodear la Amazonia, elemento central de disputa geopolítica en los
próximos años. La Paz en Colombia, con la que nos comprometemos
profundamente, pasa por la retirada de las bases militares pero
también porque la paz venga acompañada de la participación
política de la insurgencia y la clase trabajadora y los sectores
populares colombianos, como medio para garantizar la justicia social
para todo el pueblo colombiano.
De la misma manera que
condenamos la injerencia imperialista mediante la instalación de
bases militares, hacemos lo mismo con las mal llamadas “guerras
humanitarias”, “guerras contra el terrorismo”, “guerras
preventivas” y “misiones de paz”, solidarizándonos con los
sectores populares y la clase trabajadora en Irak, Afganistán, Libia
o Siria, que han visto destruidos sus países por la codicia imperial
que han visto como las guerras militares se transformaban también en
guerras económicas y culturales contra los pueblos.
Asimismo,
condenamos cualquier tipo de injerencia contra gobiernos soberanos,
bien sea hecha por medio del espionaje, bien por medio de golpes de
Estado como los sucedidos en Honduras o Paraguay en América Latina
en este siglo XXI, además de los intentos, fracasados por medio de
la movilización popular, en Venezuela, Bolivia o
Ecuador.
Injerencias que vienen acompañadas de un terrorismo
mediático contra los procesos, sindicatos y movimientos sociales, la
llamada Guerra de IV Generación, el intento de construir un orden
comunicacional hegemónico manejado por transnacionales capitalistas
de la comunicación que tratan de imponer sus objetivos políticos,
económicos y sociales, siempre contrarios a los intereses de la
clase trabajadora y los sectores populares.
Como medida para
superar las injerencias contra la soberanía política y económica
de nuestros pueblos, defendemos la desaparición del Consejo de
Inseguridad de las Naciones Unidas y la democratización del propio
sistema de las Naciones Unidas.
Anticolonialismo
Consideramos
que el modelo de colonización impuesto por los países del norte fue
a través de crímenes de lesa humanidad, saqueos y sometimiento de
nuestros pueblos, y que las guerras han sido el instrumento de
sometimiento y dominación que ha utilizado el imperialismo para
imponer su voluntad política y económica.
El orden colonial
es el núcleo del genocidio, de millones de seres humanos
exterminados, de cientos de lenguas aniquiladas en beneficio de una
pretendida homogeneización, de economías de complementariedad
basadas en el trueque sometidas al mercantilismo, de adelantos
civilizatorios sometidos a la inquisición y de un orden social
basado en la reciprocidad reducido por el individualismo.
Apostamos
por la descolonización y la destrucción de los cimientos materiales
y subjetivos sobre los que se asienta el racismo, el colonialismo
interno y las nuevas formas de colonialismo externo. La
descolonización implica desmontar los cimientos institucionales,
económicos, políticos y culturales del viejo régimen y construir
nuevos cimientos institucionales, económicos, políticos y
culturales de una nueva forma de organizar la vida social.
La
descolonización es un proceso revolucionario que lucha contra el
capital financiero y contra las grandes transnacionales, debemos
derribar el mito de un capitalismo democrático o una democracia
capitalista. Pero la descolonización implica también luchar contra
la colonización cultural e ideológica, el racismo, así como contra
todas las formas de discriminación. Debemos mencionar aquí el rol
de la mujer en la lucha sindical y comprometernos con la lucha contra
el patriarcado, saludando el proceso de despatriarcalización que
impulsa el Estado boliviano y sus movimientos sociales.
La
descolonización implica asimismo una lucha por la Interculturalidad,
por otro modelo educativo que implique una apuesta por una educación
abierta, humanista, científica, tecnológica, productiva, liberadora
y revolucionaria, crítica, solidaria; orientada a la conservación y
protección del medio ambiente, la biodiversidad y el territorio con
soberanía.
La descolonización implica enfrentar las
situaciones neocoloniales que todavía viven nuestros pueblos. En el
caso de América Latina repudiamos la ocupación de la ocupación
imperialista de Puerto Rico; de Guantánamo en una Cuba socialista
que sigue resistiendo heroicamente a un bloqueo criminal; de las
Islas Malvinas por el Reino Unido y la OTAN; y nos comprometemos con
la defensa de una salida al mar con soberanía para Bolivia, salida
que le fue arrebatada en una invasión imperialista impulsada por las
elites económicas chilenas para quedarse con sus recursos naturales,
una verdadera integración latinoamericana pasa por darle solución a
la justa demanda de Bolivia ante Chile. Tampoco podemos olvidarnos de
otras partes del mundo y en ese sentido rechazamos la ocupación de
Palestina y el genocidio que comete Israel con todo un
pueblo.
Anticapitalismo
Nuestra
lucha es contra el capitalismo y todas sus expresiones. Contra ese
modelo destructor de toda forma de vida que además se apropia de la
plusvalía generada por los pueblos, las personas y nuestra Madre
Tierra.
Todo ello dentro un momento histórico caracterizado
por una guerra de alta intensidad financiera contra los procesos de
cambio. Nos sumamos a las declaraciones del Presidente Evo Morales
solidarizándose con Argentina frente a un sistema financiero global
injusto e inmoral y los llamados “fondos buitres”, quieren
doblegar a los procesos de cambio mediante deudas contraídas durante
las dictaduras militares y el periodo neoliberal por gobierno que
servían al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Este
sistema financiero internacional utiliza al FMI y el BM, pero también
a la OIT, para debilitar la soberanía económica de los pueblos y
sus trabajadores. Condenamos esta forma de neocolonialismo financiero
de los Wall Street Boys, los operadores del capital especulativo
financiero, y apostamos por una nueva arquitectura financiera
internacional.
Este julio se cumplen 29 años de la
Conferencia de La Habana sobre la Deuda Externa, mecanismo ilegal del
capitalismo para seguir colonizando a los pueblos, repudiamos toda
deuda del mal llamado tercer mundo y apostamos por la eliminación
total de la deuda.
Parte de la mutación del capitalismo
financiero son los tratos de libre comercio con los que pretenden
enmascaras el control territorial que quieren hacer de los procesos
de transformación y sus recursos naturales. Rechazamos especialmente
la reedición sofisticada del ALCA que los pueblos de América Latina
y los gobiernos progresistas derrotaron en 2005 en Mar del Plata y
que ahora se llama Alianza del Pacifico, herramienta imperialista de
los Estados Unidos para socavar el proceso de integración política
regional en América Latina y recuperar espacios perdidos hasta el
momento por el avance de los procesos de cambio.
Frente a
la Alianza del Pacifico, proponemos la Alianza de los Pueblos del Sur
y de la clase trabajadora en defensa de los recursos naturales de los
pueblos y de la Madre Tierra.
No es casualidad que el ataque
terrorista que vive Venezuela, país con las reservas de petróleo
más grandes del mundo, al igual que ya lo intentaron con Bolivia y
Ecuador. La recuperación y soberanía sobre los recursos naturales
es fundamental pues constituye la base material de todo proceso, la
posibilidad de redistribuir la riqueza y reducir las desigualdades en
países castigados por 500 años de colonización.
Al igual
que defendemos la soberanía sobre los recursos naturales, defendemos
también la soberanía alimentaria y nos solidarizamos con las luchas
campesinas frente a las transnacionales, al agronegocio, el uso de
agrotóxicos y transgénicos y en defensa de la soberanía
alimentaria.
Rumbo
al Socialismo
Sobre
estos tres pilares es que proponemos la coordinación y la
cooperación de la clase trabajadora y los sectores populares que
luche por la construcción del socialismo a nivel nacional, regional
y mundial.
Porque para llegar al socialismo necesitamos
construir previamente, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias
en un frente popular antimperialista, anticolonial y anticapitalista
a partir de una alianza obrera, campesina e indígena, una alianza de
los sectores populares.
Un socialismo que solo puede ser
democrático, ampliando los márgenes y límites de la democracia
liberal, un socialismo antiimperialista y anticolonial que supere
todas las formas de enajenación del capitalismo, que crezca desde
las raíces de la clase obrera y los movimientos indígenas
originarios y campesinos, desde las fábricas y desde el campo y las
comunidad, para construir la sociedad-comunidad a la que aspiramos,
una sociedad donde el valor de uso primer sobre el valor de cambio
impuesto por el mercado y el capital.
Un socialismo con los
medios de producción socializados en una sociedad donde los
servicios básicos les sean garantizados a todas las personas junto
con sus derechos laborales. Todos los derechos para todas las
personas.
La crisis del capitalismo lleva aparejada que para
mantener la tasa de ganancia a partir de la explotación de los
trabajadores, en casi todos países del mundo la edad de jubilación
aumenta, las pensiones se reducen y se mercantiliza y privatiza la
salud.
Por supuesto el socialismo al que aspiramos recoge las
luchas y reivindicaciones de la clase obrera a lo largo de la
historia. Exigimos un sistema público, universal y obligatorio de
seguro social para todos los países, además de la reducción de la
edad de jubilación y aumento de las pensiones pues solo de esta
manera las clases populares podrán vivir con dignidad después de su
jubilación.
Nuestro proyecto socialista debe garantizar que
el agua y los servicios básicos sean un Derecho Humano a partir de
la soberanía sobre los recursos naturales y energéticos que
garantice los derechos sociales y laborales.
Para garantizar
los derechos sociales y laborales, necesitamos construir una visión
distinta del desarrollo capitalista.
El horizonte socialista
debe ser necesariamente internacionalista. Un internacionalismo que
como decía el Che, es la ternura de los pueblos. Defendemos un
internacionalismo alianza del movimiento obrero, campesino e indígena
junto a los movimientos de liberación nacional y todos los oprimidos
del mundo que luchan por un mundo y un futuro de paz y justicia
social.
Ese internacionalismo clasista y socialista debe tener
como base la formación política, si queremos enfrentar la hegemonía
capitalista en lo económico, político, cultural y mediático,
debemos prepararnos para la Batalla de Ideas. Batalla de Ideas que
como nos recordaba el Comandante Fidel Castro, no significa solo
principios, teoría, conocimientos, cultura, argumentos, réplica y
contrarréplica, destruir mentiras y sembrar verdades; significa
hechos y realizaciones concretas.
Conclusión
Reconocemos
el aporte de la Federación Sindical Mundial en sus 69 años de vida
en la defensa de la clase trabajadora en Vietnam, Cuba, Corea, la
España de Franco, el Portugal de Salazar, la Grecia de la heroica
guerra civil, hasta Guatemala, Angola, Granada y Chile, Sudáfrica,
El Congo, Mozambique, Etiopía, Egipto, el Golán Sirio, el Líbano,
Irak, la India, Indonesia, Timor Oriental y el Sáhara
Occidental.
Asimismo reivindicamos el legado de todos los
libertadores que dieron su vida por la liberación nacional y social
de sus pueblos, Bolívar, Zapata, Martí, Sandino, el Che, Ho Chi
Minh, Sankara o el Comandante Chávez además de reconocer el aporte
que al momento histórico actual ha hecho la revolución cubana
encabezada por los comandantes Fidel y Raúl Castro.
El
momento de transición en que nos encontramos necesita de una
coordinación de sindicatos, movimientos sociales, los jóvenes, las
mujeres e intelectuales comprometidos, para desde la defensa de los
procesos de cambio, buscar la construcción del proyecto político de
liberación nacional y social de nuestros pueblos.
Pero
nuestra liberación no es solo la liberación de nuestros pueblos.
Es a la vez la liberación de la humanidad entera porque nosotros no luchamos para dominar a otros; luchamos para que nadie domine a otro.
Es a la vez la liberación de la humanidad entera porque nosotros no luchamos para dominar a otros; luchamos para que nadie domine a otro.
Y en el camino de la liberación, es importante mantener las conquistas logradas, por lo que nos solidarizamos con el proceso de cambio boliviano que esperamos sea reforzado en las elecciones presidenciales del 12 de octubre.
Que viva el proceso de
cambio boliviano
Que vivan las luchas de la clase
trabajadora
Contra la barbarie capitalista, por la paz y un mundo
sin explotación
Cochabamba, Estado Plurinacional de Bolivia,
2 de julio de 2014
Minga
Informativa de Movimientos Sociales-
http://movimientos.org/
http://movimientos.org/
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